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jueves, 11 de febrero de 2021

 

ORACIÓN DE LA MAÑANA  6º EP. Jueves,11 de febrero de 2020


Hoy vamos a tener la suerte de poder celebrar el sacramento del perdón y vamos a tener unos minutos para hacer silencio, escuchar nuestro corazón, revisar nuestros actos, arrepentirnos y prepararnos para el encuentro amoroso con Jesús a través del sacramento del perdón.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Vamos a repasar los pasos para hacer el examen de conciencia.


1. EXAMEN DE CONCIENCIA

Nos ponemos en presencia de Dios y tratamos de recordar todos los pecados cometidos desde la última vez que me confesé.

2. DOLOR DE CORAZÓN

El recuerdo de nuestros pecados nos mueve a un profundo arrepentimiento, a pedirle perdón a Dios de todo corazón.

3. PROPÓSITO DE ENMIENDA

Nos proponemos sinceramente a hacer todo de nuestra parte, esforzándonos al máximo por no volver a pecar más.

4. CONFESIÓN

Una vez que estamos preparados, nos acercamos al sacerdote y con confianza y sinceridad, confesamos nuestras faltas. EL  mismo Señor Jesús nos perdona  en la persona del sacerdote.

5. PENITENCIA

Después que recibamos la absolución de nuestros pecados, rezamos las oraciones que el sacerdote nos ha indicado, para que de esta forma reparemos el mal introducido por nuestros pecados.


Vas a ver un video que te puede ayudar a hacer tu examen de conciencia... 


Después de ver el video, respira profundamente, escucha tu corazón y piensa de que estas arrepentido y quieres pedirle perdón al Señor. 



martes, 15 de septiembre de 2020

miércoles, 24 de junio de 2020

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS MÉDICOS, ENFERMEROS Y AGENTES SANITARIOS DE LOMBARDÍA

Queridos hermanos y hermanas, ¡bienvenidos! Agradezco al Presidente de la Región de Lombardía sus palabras. Saludo cordialmente al arzobispo de Milán, a los obispos de Bérgamo, Brescia, Cremona, Crema y Lodi, y a las demás autoridades presentes. Saludo a los médicos, enfermeros, trabajadores de la salud y de la protección civil, y a los Alpinos. Saludo a los sacerdotes y a las personas consagradas. Habéis venido en representación de Lombardía, una de las regiones italianas más afectadas por la epidemia de COVID-19, junto con Piamonte, Emilia Romaña y Véneto, especialmente Vo' Euganeo, representada aquí por el obispo de Padua. Hoy abrazo idealmente también a estas regiones. Y saludo a los exponentes del Hospital "Spallanzani" de Roma, una institución médica que ha hecho mucho para combatir el virus. 

 Durante estos meses turbulentos, las diversas realidades de la sociedad italiana se han esforzado por hacer frente a la emergencia sanitaria con generosidad y compromiso. Pienso en las instituciones nacionales y regionales, en los municipios; pienso en las diócesis y comunidades parroquiales y religiosas; en las numerosas asociaciones de voluntarios. Hemos sentido más que nunca la gratitud por los médicos, enfermeros y todos los trabajadores de la salud, en primera línea para llevar a cabo un servicio arduo y a veces heroico. Han sido un signo visible de humanidad que reconforta el corazón. Muchos de ellos cayeron enfermos y algunos por desgracia murieron en el ejercicio de su profesión. Los recordamos en la oración y con tanta gratitud. 

 En el torbellino de una epidemia con efectos devastadores e inesperados, la presencia fiable y generosa del personal médico y paramédico fue el punto de referencia seguro, en primer lugar para los enfermos, pero de manera muy especial para sus familias, que en este caso no tenían la posibilidad de visitar a sus seres queridos. Y así encontraron en vosotros, trabajadores sanitarios, casi otros miembros de la familia, capaces de combinar la competencia profesional con esas atenciones que son expresiones concretas de amor. Los pacientes a menudo sentían que tenían a su lado “ángeles” que les ayudaban a recuperar la salud y, al mismo tiempo, les consolaban, apoyaban y a veces les acompañaban hasta el umbral del encuentro final con el Señor. Estos trabajadores de la salud, sostenidos por la solicitud de los capellanes de los hospitales, han atestiguado la cercanía de Dios a los que sufren; han sido artesanos silenciosos de la cultura de la cercanía y la ternura. Cultura de cercanía y de ternura. 

Y vosotros habéis sido testigos incluso en las pequeñas cosas: en las caricias..., incluso con el móvil, conectando a ese anciano que se estaba muriendo con su hijo, con su hija para despedirse de ellos, para verlos por última vez...; pequeños gestos de creatividad y de amor... Esto nos ha hecho bien a todos. 

Testimonio de proximidad y ternura. Queridos médicos y enfermeros, el mundo ha visto todo el bien que habéis hecho en una situación de gran prueba. Aunque exhaustos, habéis seguido esforzándoos con profesionalidad y abnegación. ¡Cuántos médicos y paramédicos, enfermeros, no podían ir a casa y dormían allí, donde podían porque no había camas, en el hospital! Y eso genera esperanza. Usted [se dirige al Presidente de la Región] ha hablado de esperanza. Y esto genera esperanza. Habéis sido uno de los pilares del país. A vosotros aquí presentes y a vuestros colegas de toda Italia va mi estima y mi sincero agradecimiento, y sé bien que interpreto los sentimientos de todos. Ahora es el momento de atesorar toda esta energía positiva que se ha invertido. ¡No hay que olvidarlo! Es una riqueza que en parte, ciertamente, ha sido “a fondo perdido” en el drama de la emergencia; pero en gran parte puede y debe dar frutos para el presente y el futuro de la sociedad lombarda e italiana. La pandemia ha marcado profundamente la vida de las personas y la historia de las comunidades. Para honrar el sufrimiento de los enfermos y de tantos muertos, sobre todo ancianos, cuya experiencia de vida no debe ser olvidada, es necesario construir el mañana: para ello hacen falta el compromiso, la fuerza y la dedicación de todos. Se trata de partir de nuevo de los innumerables testimonios de amor generoso y gratuito, que han dejado una huella indeleble en las conciencias y en el tejido de la sociedad, enseñando cuánto se necesita la cercanía, el cuidado y el sacrificio para alimentar la fraternidad y la convivencia civil.Y, mirando al futuro, me acuerdo de las palabras de Fra Felice, en el lazareto, en Manzoni [Los novios, cap. 36°]: con qué realismo mira la tragedia, mira la muerte, pero mira el futuro y sigue adelante. De esta manera, podremos salir de esta crisis espiritual y moralmente más fuertes; y esto depende de la conciencia y la responsabilidad de cada uno de nosotros. Pero no solos sino juntos y con la gracia de Dios. Como creyentes nos corresponde dar testimonio de que Dios no nos abandona, sino que da sentido en Cristo también a esta realidad y a nuestro límite; que con su ayuda se pueden afrontar las pruebas más duras. 

Dios nos creó para la comunión, para la fraternidad, y ahora, más que nunca, se ha demostrado ilusoria la pretensión de centrar todo en nosotros mismos —es ilusorio—, de hacer del individualismo el principio rector de la sociedad. Pero tengamos cuidado porque, tan pronto como la emergencia haya pasado, es fácil resbalar, es fácil volver a caer en esta ilusión. Es fácil olvidar rápidamente que necesitamos a los demás, alguien que nos cuide, que nos dé valor. Olvidar que todos necesitamos un Padre que nos extienda la mano. Rezarle, invocarle, no es una ilusión; ¡la ilusión es pensar en prescindir de él! La oración es el alma de la esperanza. En estos meses, las personas no han podido participar en las celebraciones litúrgicas, pero no han dejado de sentirse como una comunidad. Han rezado de forma individual o en familia, también a través de los medios de comunicación, unidos espiritualmente y sintiendo que el abrazo del Señor iba más allá de los límites del espacio. El celo pastoral y la solicitud creativa de los sacerdotes ayudaron a la gente a continuar en el camino de la fe y a no quedarse sola ante el dolor y el miedo. 

Esta creatividad sacerdotal con la que se que han sabido superar algunas, pocas, expresiones “adolescentes” contra las medidas de la autoridad, que tiene la obligación de salvaguardar la salud del pueblo. La mayoría ha sido obediente y creativa. He admirado el espíritu apostólico de tantos sacerdotes que iban con el teléfono, llamando a las puertas, llamando a las casas: “¿Necesita algo? Le hago la compra...”. Mil cosas. La cercanía, la creatividad, sin vergüenza. Estos sacerdotes... que se han quedado junto a su pueblo compartiendo cuidados y atenciones cotidianas: han sido un signo de la presencia consoladora de Dios. Han sido padres, no adolescentes. Por desgracia, han muerto no pocos de ellos, al igual que los médicos y el personal paramédico.Y también entre vosotros hay algunos sacerdotes que han estado enfermos y gracias a Dios se han curado. En vosotros doy las gracias a todo el clero italiano, que ha dado muestra de valor y amor a la gente. Queridos hermanos y hermanas, renuevo a cada uno de vosotros y a todos los que representáis mi más sincero agradecimiento por lo que habéis hecho en esta situación fatigosa y compleja. 

Que la Virgen María, venerada en vuestras tierras en numerosos santuarios e iglesias, os acompañe y sostenga siempre con su protección maternal. Y no olvidéis que con vuestro trabajo, el de todos vosotros, médicos, paramédicos, voluntarios, sacerdotes, religiosos, laicos, que habéis hecho esto, habéis iniciado un milagro. Tened fe y, como decía aquel sastre, un teólogo fallido: “No he visto nunca que el Señor empieze un milagro sin acabarlo bien”. [Manzoni, Los novios, capítulo 24]. ¡Que acabe bien este milagro que habéis empezado! Por mi parte, sigo rezando por vosotros y por vuestras comunidades, y con afecto os imparto una especial bendición apostólica. Y vosotros, por favor, no os olvidéis de rezar por mí, lo necesito. Gracias. 

 [Bendición] Ahora, la liturgia del saludo. Pero tenemos que obedecer las reglas: no os haré venir aquí, iré yo, pasando para saludaros educadamente, como se tiene que hacer, como nos han dicho las autoridades. Y así, como hermanos, nos saludamos y rezamos el uno por el otro. Primero nos hacemos la foto todos y luego paso a saludaros.







jueves, 28 de mayo de 2020



 Desde el BANCO de ALIMENTOS nos escriben unas letras:

"Me dirijo a Ud. con el afán de buscar su colaboración y la de su comunidad escolar con el Banco de Alimentos de Sevilla en la próxima Operación Kilo Primavera que realizamos todos los años, y hacerle partícipe de las circunstancias especiales que este año van a condicionar la forma de recoger los alimentos.
Esta primavera no podemos hacer la campaña debido a las restricciones y recomendaciones sanitarias como consecuencia del Covid-19. Pero, si cada año es sumamente importante esta recogida, éste lo es mucho más. Los beneficiarios del Banco se han incrementado en un 25% desde la declaración del estado de Alarma. Así, en los últimos meses hemos tenido que entregar cantidades mucho mayores de alimentos a nuestras entidades colaboradoras. Por ello, las existencias del Banco de Alimentos han bajado considerablemente, pudiendo verse comprometida la labor que realizamos en los meses próximos.
Mucho nos tememos que las necesidades van a sufrir un incremento aún mayor, en la medida en que las previsiones de crecimiento del desempleo abocarán a muchas más familias a una situación insostenible.  Van a ser, con toda seguridad, muchas más de las 45.000 personas que veníamos atendiendo las que necesitarán ayuda en el futuro próximo.
Es por todo esto que, desde el Banco de Alimentos de Sevilla, vamos a lanzar una “Operación Kilo Primavera 2020 On-line” que viene a suplir la habitual captación que hacemos en este mes. Dicha Operación tendrá lugar del viernes 22 al domingo 31 de mayo y es para ella que le pedimos su colaboración. La misma se articulará a través de nuestro supermercado virtual donde rogamos se efectúe la donación: www.supersolidario.com
Al dedicarnos su tiempo y esfuerzo, hace llegar a las personas que lo necesitan los alimentos que obtenemos. Es este un eslabón insustituible de la cadena de solidaridad que formamos entre todos. Por eso, en esta ocasión, le pedimos que nos ayude a obtener más alimentos, para proporcionárselo a las personas que lo están pasando mal.
Tenemos que dar a conocer a toda la provincia de Sevilla el lema de la campaña
“DONA E INVITA A DONAR”.
Por ello, rogamos difusión de este mensaje por todos los medios posibles ".

¡APÓYANOS!: ¡El tiempo que empleamos en esta difusión se convertirá en alimentos!





lunes, 18 de mayo de 2020



Desde el IBVM queremos invitaros a que forméis parte de la celebración del V Aniversario de Laudato Si, la encíclica del Papa Francisco en la que nos llama a trabajar por la Casa Común, siendo conscientes de que «todo está conectado» y que «esta catástrofe sanitaria tiene mucho que ver con la catástrofe climática».

 La semana de celebración comenzará oficialmente el 18 de mayo y terminará con una oración mundial conjunta, el día 24. Desde aquí, iremos compartiendo algunas de las informaciones y momentos más importantes, pero os invitamos a visitar la web creada para la ocasión: www.laudatosiweek.org, donde encontraréis recursos, reflexiones, oraciones y un buen número de eventos y debates on line que tendrán lugar en los próximos días. Es el momento perfecto para formarse, informarse y comenzar con el cambio hacia un planeta más sostenible y seguro para todas las personas.





https://ibvm.es/cuidado-de-la-casa-comun/

miércoles, 15 de abril de 2020

Vivimos tiempos difíciles, pero esta crisis global es también una oportunidad para la transformación personal y social. Recordando que aunque esta situación nos afecta a todos, las personas más vulnerables y con menos recursos son quienes más sufren, hoy queremos buscar la parte bonita de todo esto. La que nos dice que, si trabajamos juntos, saldremos más fuertes de ésta.

Sabemos que en toda la Red Mary Ward hay muchas personas intentando hacer más llevadera esta situación y queremos que nos lo contéis. ¿Cómo?

Mandándonos un vídeo o imagen donde nos expliques lo que estáis haciendo.

Por ejemplo: A veces, algo tan simple como inventar una canción con humor, hacer una parodia en tu casa o jugar con tus vecinos desde el balcón… puede ayudar. Si tú también le has echado creatividad para sacar lo mejor de ti, envíanos tu vídeo (grabado en horizontal) o tus imágenes por whatsapp al 0034 618 05 62 40 y recuerda decir tu nombre y de qué ciudad y país eres. 




 Todas las propuestas que recibamos se publicarán en nuestro WaMaLab, el laboratorio de transformación social: www.fundacionmaryward.org/wamalab




https://fundacionmaryward.org/2020/03/23/togetherwearestronger/

martes, 14 de abril de 2020


Desde la Fundación Mary Ward, dada la situación global actual, hemos decidido suspender todos los Programas de Voluntariado Internacional para el 2020.
 Sabemos que muchas personas han puesto ilusión en estos proyectos, por eso os invitamos a seguir ofreciendo vuestra ayuda solidaria a través de las campañas de colaboración que iremos proponiendo a lo largo del año.

 ¡Seguimos trabajando para que las futuras experiencias voluntarias del 2021 sean tan potentes e ilusionantes como hasta ahora!



domingo, 12 de abril de 2020

MENSAJE URBI ET ORBI DEL SANTO PADRE FRANCISCO PASCUA 2020
 Basílica Vaticana Domingo, 
12 de abril de 2020 

 Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Pascua! Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”. Esta Buena Noticia se ha encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba. En esta noche resuena la voz de la Iglesia: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!» (Secuencia pascual). 

 Es otro “contagio”, que se transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia. Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “pasa por encima” del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios. 

 El Resucitado no es otro que el Crucificado. Lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles, heridas que se convierten en lumbreras de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad desolada. 

 Hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós. Que el Señor de la vida acoja consigo en su reino a los difuntos, y dé consuelo y esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas. Que conceda su consolación y las gracias necesarias a quienes se encuentran en condiciones de particular vulnerabilidad, como también a quienes trabajan en los centros de salud, o viven en los cuarteles y en las cárceles. Para muchos es una Pascua de soledad, vivida en medio de los numerosos lutos y dificultades que está provocando la pandemia, desde los sufrimientos físicos hasta los problemas económicos. 

 Esta enfermedad no sólo nos está privando de los afectos, sino también de la posibilidad de recurrir en persona al consuelo que brota de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación. En muchos países no ha sido posible acercarse a ellos, pero el Señor no nos dejó solos. Permaneciendo unidos en la oración, estamos seguros de que Él nos cubre con su mano (cf. Sal 138,5), repitiéndonos con fuerza: No temas, «he resucitado y aún estoy contigo» (Antífona de ingreso de la Misa del día de Pascua, Misal Romano). 

 Que Jesús, nuestra Pascua, conceda fortaleza y esperanza a los médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un testimonio de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud. A ellos, como también a quienes trabajan asiduamente para garantizar los servicios esenciales necesarios para la convivencia civil, a las fuerzas del orden y a los militares, que en muchos países han contribuido a mitigar las dificultades y sufrimientos de la población, se dirige nuestro recuerdo afectuoso y nuestra gratitud.

 En estas semanas, la vida de millones de personas cambió repentinamente. Para muchos, permanecer en casa ha sido una ocasión para reflexionar, para detener el frenético ritmo de vida, para estar con los seres queridos y disfrutar de su compañía. Pero también es para muchos un tiempo de preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis actual trae consigo. Animo a quienes tienen responsabilidades políticas a trabajar activamente en favor del bien común de los ciudadanos, proporcionando los medios e instrumentos necesarios para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas. 

 Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen un hogar. Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos. Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una adecuada asistencia sanitaria. Considerando las circunstancias, se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten —por parte de todos los Países— las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres. 

Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas. Entre las numerosas zonas afectadas por el coronavirus, pienso especialmente en Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, este continente pudo resurgir gracias a un auténtico espíritu de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado. Es muy urgente, sobre todo en las circunstancias actuales, que esas rivalidades no recobren fuerza, sino que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente. Hoy, la Unión Europea se encuentra frente a un desafío histórico, del que dependerá no sólo su futuro, sino el del mundo entero. Que no pierda la ocasión para demostrar, una vez más, la solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras. Es la única alternativa al egoísmo de los intereses particulares y a la tentación de volver al pasado, con el riesgo de poner a dura prueba la convivencia pacífica y el desarrollo de las próximas generaciones. 

 Este no es tiempo de la división. Que Cristo, nuestra paz, ilumine a quienes tienen responsabilidades en los conflictos, para que tengan la valentía de adherir al llamamiento por un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo. No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas. Que sea en cambio el tiempo para poner fin a la larga guerra que ha ensangrentado a la amada Siria, al conflicto en Yemen y a las tensiones en Irak, como también en el Líbano. Que este sea el tiempo en el que los israelíes y los palestinos reanuden el diálogo, y que encuentren una solución estable y duradera que les permita a ambos vivir en paz. Que acaben los sufrimientos de la población que vive en las regiones orientales de Ucrania. Que se terminen los ataques terroristas perpetrados contra tantas personas inocentes en varios países de África.

 Este no es tiempo del olvido. Que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas. Que el Señor de la vida se muestre cercano a las poblaciones de Asia y África que están atravesando graves crisis humanitarias, como en la Región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. Que reconforte el corazón de tantas personas refugiadas y desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías. Que proteja a los numerosos migrantes y refugiados —muchos de ellos son niños—, que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía. Y no quiero olvidar de la isla de Lesbos. Que permita alcanzar soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela, orientadas a facilitar la ayuda internacional a la población que sufre a causa de la grave coyuntura política, socioeconómica y sanitaria. Queridos hermanos y hermanas: Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. 

¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso. 

 Con estas reflexiones, os deseo a todos una feliz Pascua.

jueves, 14 de noviembre de 2019

miércoles, 13 de noviembre de 2019


Recogida de libros para Paraguay 

"ALAS a TUS LIBROS"


Recogida de libros...


Algunos voluntarios de 4º ESO...




Ya van camino a ... BARRIO MBURIKA. Cambyreta. PARAGUAY













viernes, 11 de octubre de 2019

Educación Infantil. Viernes, 11 de octubre de 2.019

Día Internacional de la Niña. 

En Infantil queremos celebrar el Día Internacional de la Niña, sensibilizando a los más pequeños de la suerte que tienen de poder asistir a los colegios tan estupendos que tienen y dando a conocer que hay niños y niñas, sobretodo niñas, que no tienen tanta suerte como ellos. Repasamos los distintos elementos que tenemos en la clase y nos ayudan a aprender y disfrutar tanto en el cole.

Nos centraremos en los proyectos de la Fundación Mary Ward en África, mostrándoles dónde se sitúa en el mapa junto con las imágenes de los distintos proyectos que nos ha facilitado la fundación.

En clase haremos hincapié en las dificultades que tienen las niñas a la hora de asistir al colegio:

  • Tienen que ayudar a sus familias en las tareas de casa y del campo
  • Distancias muy largas del cole a casa por caminos peligrosos
  • Enfermedades (malaria) que impiden ir
  • Falta de conocimientos del idioma en el que se enseña en la escuela
  • Masificación en las aulas
  • Faltas de baños en la escuela

Aprendiendo que existen realidades diferentes a las suyas, hoy, 11 de octubre hacemos un guiño España-África, realizando dos monigotes, uno que representará el niño o niña que lo está decorando y el otro que representará un niña del proyecto Mathare, Buswelu o Rumbek.

Sería estupendo que se pudiese realizar una bola del mundo GIGANTE donde señalar los puntos España- África, y colgarlo en la capilla donde, con Alfredo, iremos el viernes 11 de octubre a colgar los monigotes alrededor de la misma.

Rezaremos la oración:

Señor, en este día tan bonito que nos regalas hoy, 
te damos gracias por nuestro colegio, 
por nuestras seños y nuestros compañeros.
Hoy te pedimos por nuestras amigas de África, 
para que las cuides, las protejas y puedan ir al cole. 
Ayúdanos a cuidar nuestro parque, nuestras clases, 
nuestros cuadernos y nuestros colores. 
Gracias por la suerte que tenemos.
Amén. 


jueves, 10 de octubre de 2019






¡Os dejamos el enlace de nuestro lema!




ORACIONES DE INFANTIL EN EL PRIMER TRIMESTRE
 5 años 

 1. Padre nuestro

 Padre nuestro, que estás en el cielo,
 santificado sea tu Nombre;
 venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

 Danos hoy nuestro pan de cada día;
 perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
 no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.


 2. Dios te salve María 

 Dios te salve María
llena eres de gracia
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
 y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén


 3. Oración de un niño

En mi corazón de niño guardo yo muchos deseos,
el primero es que los hombres sean cada vez más buenos.
El segundo es que la gente viva siempre en armonía,
y que esté siempre contenta con el pan de cada día. 


 4. Buenos días por la mañana

Buenos días por la mañana ¡qué día tan bonito!
el sol, la lluvia, las flores y los pajaritos
en cada mamá, papá y los hermanitos
en el cole la seño y los amiguitos.

Te damos  gracias con alegría y prometemos ser buenos en este día.
Un beso muy fuerte te doy Señor con todo mi corazón.




ORACIONES DE INFANTIL EN EL PRIMER TRIMESTRE
 4 años 

 1. Padre nuestro

 Padre nuestro, que estás en el cielo,
 santificado sea tu Nombre;
 venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

 Danos hoy nuestro pan de cada día;
 perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
 no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

 2. Dios te salve María 

 Dios te salve María
llena eres de gracia
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
 y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén

 3.Bendita sea la luz del día 

 Bendita sea la luz del día
 y el buen Dios que nos lo envía
bendito sea el sol y el buen Dios que lo encendió
 benditos sean el pájaro y la flor
y el buen Dios que los hizo con amor
 bendito sea y alabado
 el Dios bueno que a todos nos ha creado



MES MISIONERO
¡SOMOS MISIONEROS!



domingo, 6 de octubre de 2019

SANTA MISA DE APERTURA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS PARA AMAZONIA CAPILLA PAPAL HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

 Basílica Vaticana XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de octubre de 2019.

El apóstol Pablo, el mayor misionero de la historia de la Iglesia, nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”. Lo que escribe Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios. 

 Ante todo dice: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6). Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos. Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos. Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. Lo recuerda el Evangelio, que habla de «siervos inútiles» (Lc 17,10). Es una expresión que también puede significar «siervos sin beneficio». Significa que no nos esforzamos para conseguir algo útil para nosotros, un beneficio, sino que gratuitamente damos porque lo hemos recibido gratis (cf. Mt 10,8). Toda nuestra alegría será servir porque hemos sido servidos por Dios, que se ha hecho nuestro siervo. Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios.

 Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente, en el original, es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren. Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo. Pero «la Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de “mantenimiento” para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (Benedicto XVI, Exhort. apost. postsin. Verbum Domini, 95). Porque la Iglesia siempre está en camino, siempre en salida, jamás cerrada en sí misma. Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra.

 El fuego que reaviva el don es el Espíritu Santo, dador de los dones. Por eso san Pablo continúa: «Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (2 Tm 1,14). Y también: «Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia» (v. 7). No es un espíritu cobarde, sino de prudencia. Alguno piensa que la prudencia es una virtud “aduana”, que detiene todo para no equivocarse. No, la prudencia es una virtud cristiana, es virtud de vida, más aún, la virtud del gobierno. Y Dios no ha dado este espíritu de prudencia. Pablo contrapone la prudencia a la cobardía. ¿Qué es entonces esta prudencia del Espíritu? Como enseña el Catecismo, la prudencia «no se confunde ni con la timidez o el temor», si no que «es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo» (n. 1806). La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva. Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración. Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión.

 El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde pero no se consume (cf. Ex 3,2). Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo. Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos. El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonia, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo. 

 Reavivar el don; acoger la prudencia audaz del Espíritu, fieles a su novedad; san Pablo dirige una última exhortación: «No te avergüences del testimonio […]; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1,8). Pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia: es su misión, su identidad. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6). Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio. Agradezco a Dios porque en el Colegio Cardenalicio hay algunos hermanos cardenales mártires, que han probado, en la vida, la cruz del martirio. De hecho, subraya el Apóstol, se sirve el Evangelio no con la potencia del mundo, sino con la sola fuerza de Dios: permaneciendo siempre en el amor humilde, creyendo que el único modo para poseer de verdad la vida es perderla por amor.

 Queridos hermanos: Miremos juntos a Jesús Crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida. Muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Tantos hermanos y hermanas en Amazonia han gastado su vida. Permitidme de repetir las palabras de nuestro amado Cardenal Hummes. Cuando él llega a aquellas pequeñas ciudades de Amazonia, va a los cementerios a buscar la tumba de los misioneros. Un gesto de la Iglesia para aquellos que han gastado la vida en Amazonia. Y después, un poco de astucia, dice al Papa: “No se olvide de ellos. Merecen ser canonizados”. Por ellos, por estos que están dando la vida ahora, por aquellos que han gastado la propia vida, con ellos, caminemos juntos.